Fe

Debemos tener fe

A diferencia de otras religiones del mundo, el evangelio de Jesucristo ofrece salvación eterna por medio de la fe. Dios insiste que nadie se gana la salvación aun cuando traten de hacerlo. Efesios 2:8-9 dice, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Ya que Jesús pagó la deuda por nuestros pecados, Dios ofrece salvación como regalo. Se nos promete el perdón, si nos arrepentimos y creemos. Ambos son necesarios. El arrepentimiento ocurre cuando nos alejamos de nuestros previos puntos de vista falsos acerca de Dios, cuando nos alejamos de nosotros mismos, y de nuestros pecados, y al conformarnos al punto de vista de Dios. El “creer” quiere decir el completamente confiar y ubicar nuestra fe solamente en Jesús para salvarnos. En estos juegos olímpicos, todos queremos ver la acción y escuchar el rugido de la multitud. Queremos disfrutar todo lo que los juegos pueden ofrecer. Cada deportista espera, al final de su evento, salir victorioso. Algunos experimentarán ese sueño. Todos esperamos disfrutar la vida antes que llegue el fin. La pregunta es, ¿estaremos listos? La salvación, una eternidad con Dios, no es una ilusión. ¡Podemos darnos cuenta que tenemos el premio eterno! “más al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” Romanos 4:5. Ya que la fe es lo que cuenta para Dios, debemos creer que Él ha perdonado nuestros pecados. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10: 9-10. Esta cita bíblica mencionó el hecho de confesar con nuestra boca, pero no es la “oración” la que nos salva. La fe nos salva. Dios prometió siempre escuchar nuestras oraciones, y es bueno verbalizar las palabras. Una oración de salvación sonaría algo así: “ ¡Gracias Dios! Me has amado, y me has permitido aprender sobre la salvación. Gracias por enviar a Jesús como un ejemplo para mí. Yo creo que Él murió y resucitó para que yo me salvara. Quiero aceptar ese regalo hoy, Dios. Recibo a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Gracias porque ya no usas mi pecado en mi contra por mi fe en Jesús. Oro en el nombre de Jesús. Amén”

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